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Le fils du Fakir

21/4/2006 - CRITIQUES DES LECTEURS

 Ben-Ghou-Bey Mon père, ce fakir
 
J'ai trouvé ce livre attachant, hors de tout terrain déjà battu et rebattu.
C'est pourtant une histoire vraie, une biographie où l'auteur, Jean-Luc
Goubet, né en 1956,  nous raconte sa vie auprès de son père,un
homme exceptionnel. Et pour cause, c'est un fakir !
Petit à petit, l'auteur, partant de son enfance, nous fait découvrir le
travail  de son papa. Au début, nous pensons à un simple illusionniste.
Puis, peu à peu, il nous transporte jusqu'à la frontière de l'irréel. Nous  
découvrons alors un homme avec des pouvoirs à faire frémir. Les
voyages sont nombreux, les aventures farfelues, les personnages
de toutes sortes et, pour prouver la véracité des faits parfois difficiles
à croire, c'est argumenté par des photos souvenirs.
C'est tout simplement génial, on lit ça d'une traite et on a de la
peine d'avoir terminé quand
on arrive à la fin.
commentaire transmis par
Patricia Dupas
3 avril 2006
 
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L'avis de : li tin CHU
Je suis tout à fait d'accord avec Patricia, c'est un livre dont on
tombe  facilement amoureuse.
Personnellement je l'ai lu dans l'avion qui me ramenait chez moi
à Taiwan et je n'ai pas vu le temps passé; L'histoire est vraiment
incroyable et on ne s'ennuie pas une seconde.
On devrait en faire un film, ce serait génial.
 
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critiqué par Sonidure, le 28 mars 2006
(37 ans)

 

Un histoire comme on en voit peu !
J'ai été envoutée par cette histoire vraiment pas comme les autres.

L'auteur sait nous maintenir en haleine avec des évenements hors

du commun mais qui, comme le démontrent les photographies jointes

au texte, sont bien réels.

Il nous décrit avec beaucoup d'humour et de sincérité l'amour vécu

entre lui et son père qui est un personnage vraiment extra...ordinaire.

Un Fakir !!!
Un livre très riche en évenements de toutes sortes, avec un vocabulaire

simple mais efficace et un final à vous faire réfléchir ! Très bon, très

bien, je ne peux que recommander cette lecture vraiment surprenante.

critiqué par Sonidure, le 28 mars 2006
(37 ans)

 

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21/4/2006 - BIENTOT TRADUIT A L'ESPAGNOL

BEN-GHOU-BEY mon père,ce fakir

 

Ben-Ghou-Bey Mon père, ce fakir

sera bientôt traduit à l'espagnol

 

Traductrice officielle

 

Paulina Guajardo

(Chili)

 

 

Esta es la historia de mi familia, papá, mamá y yo, mi historia y la de todos aquellos que la han hecho posible o imposible.

Algunos nombres han sido cambiados, otros no.

Es una historia verdadera, una historia de aventuras, de amor y esperanza. Casi un cuento de hadas, que me ha permitido traspasar la frontera de lo real y lo irreal gracias a la ciencia de un solo hombre, mi padre.

Ben – Ghou – Bey, el fakir, apodado algunas veces el Maestro de los Maestros, cultivó solo y en la adversidad una sabiduría que la imaginación del común de los mortales apenas se atreve a abordar .

Él lo sabía, lo demostró, y lo demostró aun pese a su desaparición en 1990. El cuerpo no es más que una máquina, el espíritu lo conduce y la voluntad es eterna.

Querer es poder.

El verdadero poder es amar incluso desde el más allá.

Podemos negar o temer a la verdad pero…

…él aún está aquí, lo sé.

 

Jean-Luc Goubet

 

  

Capítulo 1    (parte)

 

 

-         ¡Noooooo! ¡Él nooooo!

Un grito desgarrador y desesperado retumbó en los mórbidos corredores de ese hospital para pobres.

Un grito de una mujer que acababa de perder a su inestimable compañero de treinta y cinco años, el faro de su vida. La boya insumergible a la cual ella se había incrustado como un marisco durante estos largos años... Su marido acababa de morir. El grito del fin de una vida de aventuras, alegrías y  tristezas, que se terminaba abruptamente en ese caluroso día de diciembre, en Asunción, Paraguay, corazón de América del Sur. Se dio cuenta súbitamente que, para ella, el corazón de todo el continente acababa de detenerse. Yo comprendí que mi padre nos había dejado.

Tres días antes, Joss, el cura, vino a buscarme.

-         ¿Sabes?, tu padre… acabamos de llevarlo al hospital.

Sin haber tenido el tiempo de asimilar la idea, me encontraba en el auto – Joss al volante.

Otro auto nuevo, pensé, los negocios del cura caminaban mejor que los nuestros. No sabía si debía agradecer o dejar explotar mi rabia. Yo sabía que indirectamente él era  responsable del drama que nos tocaba. ¿Por qué el orgullo de este sacerdote, el de mi padre y probablemente en mío no llevaban ahora hacia este hospital del último recurso?.

En la oscuridad de los corredores atestados de zombis errantes, buscaba desesperado a mi padre entre las momias ensangrentadas y agonizantes. Sumergido en medio de este Apocalipsis de guerra napoleónica, mendigaba una información.

Molesto, un enfermero o quizás un carnicero, me lanzó un:

-         “El francés, sala 4”.

Sala cuatro, justo después del tres…no antes de la cinco…tampoco. Allá, al fondo, cerca de los sanitarios, una puerta a la cual le faltaba una bisagra de dos, estaba entreabierta.

En el suelo, cayó una hoja de papel con cinta adhesiva en las cuatro esquinas. Por debajo de las huellas de pisadas, ya que fue mil veces pisoteada, un “cuatro” aparecía, garabateado en pincel rojo, probablemente de mercurocromo.

Treinta literas de hierro, como las que mi abuela tenía en su desván, estaban alineadas. El óxido invadía una pintura blanca amarillenta. El desorden era total. Sin contar los colchones sin sábanas incluso en el piso.

Con la vista nublada por la preocupación y la exhibición dantesca de esta miseria, buscaba un indicio que pudiera ayudarme a salir de una visión, que para mí, era irreal.

Justo a mi derecha, un par de pies sobresalían de una sábana arrugada. Un par de pies, de una limpieza inmaculada, desentonaban en medio de estos escombros. Un lingote de oro en medio del desierto. Mejor, el arca de la alianza, pura y resplandeciente al centro de un Capharnaüm en ruinas. Los pies de un hombre blanco, el único entre todos estos pobres indios, medio-indios y otros mendigos. Casi un Jesús entre los apestados.

Mi padre estaba ahí, con el pecho desnudo, inconciente casi sonriente. Mi madre a su lado, más blanca que él, despeinada por esta batalla terrible que, ella no lo sabía aún, pero esta, sería la última.

Con lágrimas, ella me explicó:

- Lo escuché gritar. Él estaba bajo la ducha. Saldrá de esta, ¿no es verdad?. Dime que saldrá. Ya ha pasado por otras ¿no?.

Las lágrimas rebrotaron más abundantes.

Era la tercera hemorragia cerebral. El coma.

 

*

 

 

 

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LIVRE DE JEAN LUC GOUBET SUR LA VIE DE SON PERE LE CELEBRE FAKIR : BEN GHOU BEY a vendre dans les librairies et sur le site : www.book-e-book.com

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