21/4/2006 - BIENTOT TRADUIT A L'ESPAGNOL
BEN-GHOU-BEY mon père,ce fakir

sera bientôt traduit à l'espagnol
Traductrice officielle
Paulina Guajardo
(Chili)
Esta es la historia de mi familia, papá, mamá y yo, mi historia y la de todos aquellos que la han hecho posible o imposible.
Algunos nombres han sido cambiados, otros no.
Es una historia verdadera, una historia de aventuras, de amor y esperanza. Casi un cuento de hadas, que me ha permitido traspasar la frontera de lo real y lo irreal gracias a la ciencia de un solo hombre, mi padre.
Ben – Ghou – Bey, el fakir, apodado algunas veces el Maestro de los Maestros, cultivó solo y en la adversidad una sabiduría que la imaginación del común de los mortales apenas se atreve a abordar .
Él lo sabía, lo demostró, y lo demostró aun pese a su desaparición en 1990. El cuerpo no es más que una máquina, el espíritu lo conduce y la voluntad es eterna.
Querer es poder.
El verdadero poder es amar incluso desde el más allá.
Podemos negar o temer a la verdad pero…
…él aún está aquí, lo sé.
Jean-Luc Goubet
Capítulo 1 (parte)
- ¡Noooooo! ¡Él nooooo!
Un grito desgarrador y desesperado retumbó en los mórbidos corredores de ese hospital para pobres.
Un grito de una mujer que acababa de perder a su inestimable compañero de treinta y cinco años, el faro de su vida. La boya insumergible a la cual ella se había incrustado como un marisco durante estos largos años... Su marido acababa de morir. El grito del fin de una vida de aventuras, alegrías y tristezas, que se terminaba abruptamente en ese caluroso día de diciembre, en Asunción, Paraguay, corazón de América del Sur. Se dio cuenta súbitamente que, para ella, el corazón de todo el continente acababa de detenerse. Yo comprendí que mi padre nos había dejado.
Tres días antes, Joss, el cura, vino a buscarme.
- ¿Sabes?, tu padre… acabamos de llevarlo al hospital.
Sin haber tenido el tiempo de asimilar la idea, me encontraba en el auto – Joss al volante.
Otro auto nuevo, pensé, los negocios del cura caminaban mejor que los nuestros. No sabía si debía agradecer o dejar explotar mi rabia. Yo sabía que indirectamente él era responsable del drama que nos tocaba. ¿Por qué el orgullo de este sacerdote, el de mi padre y probablemente en mío no llevaban ahora hacia este hospital del último recurso?.
En la oscuridad de los corredores atestados de zombis errantes, buscaba desesperado a mi padre entre las momias ensangrentadas y agonizantes. Sumergido en medio de este Apocalipsis de guerra napoleónica, mendigaba una información.
Molesto, un enfermero o quizás un carnicero, me lanzó un:
- “El francés, sala 4”.
Sala cuatro, justo después del tres…no antes de la cinco…tampoco. Allá, al fondo, cerca de los sanitarios, una puerta a la cual le faltaba una bisagra de dos, estaba entreabierta.
En el suelo, cayó una hoja de papel con cinta adhesiva en las cuatro esquinas. Por debajo de las huellas de pisadas, ya que fue mil veces pisoteada, un “cuatro” aparecía, garabateado en pincel rojo, probablemente de mercurocromo.
Treinta literas de hierro, como las que mi abuela tenía en su desván, estaban alineadas. El óxido invadía una pintura blanca amarillenta. El desorden era total. Sin contar los colchones sin sábanas incluso en el piso.
Con la vista nublada por la preocupación y la exhibición dantesca de esta miseria, buscaba un indicio que pudiera ayudarme a salir de una visión, que para mí, era irreal.
Justo a mi derecha, un par de pies sobresalían de una sábana arrugada. Un par de pies, de una limpieza inmaculada, desentonaban en medio de estos escombros. Un lingote de oro en medio del desierto. Mejor, el arca de la alianza, pura y resplandeciente al centro de un Capharnaüm en ruinas. Los pies de un hombre blanco, el único entre todos estos pobres indios, medio-indios y otros mendigos. Casi un Jesús entre los apestados.
Mi padre estaba ahí, con el pecho desnudo, inconciente casi sonriente. Mi madre a su lado, más blanca que él, despeinada por esta batalla terrible que, ella no lo sabía aún, pero esta, sería la última.
Con lágrimas, ella me explicó:
- Lo escuché gritar. Él estaba bajo la ducha. Saldrá de esta, ¿no es verdad?. Dime que saldrá. Ya ha pasado por otras ¿no?.
Las lágrimas rebrotaron más abundantes.
Era la tercera hemorragia cerebral. El coma.
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